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Chapter 5

Parte 5

Unos días después de aquella llamada, Renata caminaba por el Parque México mientras el sol de la tarde filtraba sus últimos rayos entre las copas de los jacarandás. La brisa traía una calma distinta, pero en la mente de una contadora que aprendió a ver más allá de la superficie, los números nunca mienten... y los detalles siempre dejan una huella.

Al llegar a su departamento, encontró un sobre amarillo sin remitente deslizado por debajo de la puerta.

Al abrirlo, no había amenazas ni súplicas. Dentro había un extracto bancario reciente de una cuenta en el extranjero a nombre de una sociedad no registrada en la investigación, junto con una pequeña nota manuscrita con la letra elegante y afilada de Doña Evangelina:

"El dinero va y viene, Renatita. Pero el apellido Ibarra no se hunde tan fácil. Acepta esto como un finiquito... o tómalo como una invitación."

Renata observó la cifra en la hoja de papel. Era una suma considerable, suficiente para empezar de nuevo en cualquier parte del mundo o para reabrir un caso que la fiscalía daba por casi cerrado. Doña Evangelina no estaba totalmente acorralada; guardaba un último as bajo la manga, buscando comprar su silencio o arrastrarla a un nuevo juego de poder.

A unos metros, sobre su escritorio, el teléfono sonó. Era la abogada Valeria Montes.

—Renata, la fiscalía acaba de llamarme —dijo Valeria al otro lado de la línea, con tono serio—. Se filtró información confidencial sobre los bienes congelados y parece que hay inconsistencias en la declaración de la familia. Alguien dentro del proceso está moviendo hilos. Tienes dos opciones: entregamos todo lo que tenemos ahora y desatamos una guerra legal de la que no habrá vuelta atrás para nadie... o cerramos la carpeta, tomamos lo que te corresponde por derecho y dejas que se destruyan entre ellos. La decisión es completamente tuya.

Renata miró el sobre amarillo en su mano, luego volvió la vista hacia la ventana abierta, donde la ciudad respiraba viva y llena de caminos por recorrer.

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Guardó la nota, tomó su bolso y salió de nuevo a la calle.

El juego no había terminado; apenas acababa de cambiar de tablero.

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