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Chapter 8

CAPÍTULO 9: Las Grietas del Imperio

El arresto de Carmen no significó el fin automático de las hostilidades, sino el inicio de una guerra desesperada por parte de sus aliados. Dos semanas después de la sentencia firme que la condenó a prisión, recibimos la notificación de que su abogado principal había presentado un recurso de apelación, argumentando inconsistencias en la cadena de custodia de la grabación de la cámara de seguridad.

Mi esposo y yo nos reunimos temprano en el despacho de nuestro abogado, el licenciado Morales. Sobre la mesa de cristal yacían carpetas gruesas con los estados financieros de la familia de Carmen y las transcripciones de las audiencias pasadas.

—No se preocupen por la apelación, la evidencia en el video es contundente —nos aseguró Morales, ajustándose los lentes mientras revisaba un folio—. Lo que realmente debe preocuparnos es lo que están haciendo afuera de los tribunales. El cuñado de Carmen está intentando mover influencias en el registro civil y en el banco donde ustedes tienen la cuenta bancaria familiar. Están buscando congelar sus activos bajo el pretexto de una disputa de bienes impagada.

—Esa cuenta se alimentó exclusivamente con nuestro trabajo —intervino mi esposo, apretando el puño sobre el apoyabrazos de la silla—. Carmen nunca puso un solo centavo ahí. Al contrario, se dedicó a vaciar las cuentas secundarias antes de que ocurriera el accidente.

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—Lo sé —asintió Morales—. Pero en este tipo de conflictos, la estrategia de ellos no es ganar el juicio legal, sino ahogarlos financieramente para obligarlos a retirar los cargos o ceder en la custodia compartida. Necesitamos adelantarnos. Mañana mismo solicitaremos un embargo precautorio sobre las propiedades de Carmen para garantizar la reparación del daño médico de tu esposa y los gastos del parto.

Esa misma tarde, mientras regresaba a casa con la bebé en el asiento trasero del auto, noté un vehículo negro estacionado a media cuadra de nuestra entrada. No tenía placas visibles. Al percatarse de mi presencia, el automóvil encendió el motor y se alejó lentamente por la avenida principal. La amenaza ya no era un ataque directo en las escaleras; ahora era una sombra constante que intentaba minar nuestra tranquilidad diaria.

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